VERSIÓN ESTENOGRÁFICA DE LA INTERVENCIÓN DE LA VICECOORDINADORA DEL GRUPO PARLAMENTARIO DEL PRD EN EL SENADO, DOLORES PADIERNA LUNA EN LA ASAMBLEA DE IZQUIERDA DEMOCRÁTICA NACIONAL

Ciudad de México a 17 de julio de 2016

 

 

 

Sen. Dolores Padierna Luna:

 

Compañeras y compañeros: 

No solamente los tiempos electorales nos marcan la hora de tomar definiciones de mediano plazo que serán esenciales para el futuro del partido, de la izquierda y del país. La gran definición que tenemos por delante nace, principalmente, de la emergencia nacional que vivimos. Si México ya padecía las heridas de la desigualdad y la pobreza, y desde 2006 las de la violencia y la muerte, ahora el desastre lo completa la inestabilidad política y social prohijada por un gobierno que escucha a los dueños del dinero y es sordo ante los grupos sociales fundamentales para la marcha del país. Durante este sexenio se ha tratado de someter a los de abajo, sin escucharlos ni comprenderlos, mientras se promueve y fomenta la anarquía de los de arriba.

La gente no es indiferente a la realidad que describo. Las encuestas, consistentemente, muestran un rechazo mayoritario al gobierno de Enrique Peña Nieto (63% en la última de ellas) y marcadamente a las reformas estructurales. Pese a uno de los operativos de mercadeo más intensos de los que se tenga memoria, que incluyó —además de publicidad— actos demagógicos como la baja de la luz antes de las elecciones para subirla después, la mayoría de la población piensa que lo peor que este gobierno ha hecho son dichas reformas, cuyo fracaso está a la vista, pues han logrado exactamente lo contrario a lo que prometieron. Lasreformas de las que hablamos, y esto no hay que olvidarlo, fueron posibles gracias al llamado Pacto por México. 

dolores76.fw

Si los partidos que suscribieron dicho Pacto, incluyendo a una fracción del nuestro, interpretaron que los resultados electorales de 2012 como un mandato que los obligaba a someterse porque el país se inclinaba a la derecha, es hora de enmendar el error. 

No es claro que la sociedad mexicana haya estado a favor de las reformas en su momento, pero ahora sí es muy claro que la mayoría está en contra. Ya existe una mayoría social por el cambio político.No es casual que los voceros e intelectuales de la derecha estén hablando de 2018 como una consulta sobre el modelo de desarrollo.

La política partidista, si aspira a ser representativa, debe honrar a dicha mayoría social, potenciarla y dotarla de elementos para su triunfo. En una frase: el reto de los partidos de izquierda es transformar a esa mayoría social en una mayoría política.

Esa es la misión que tenemos delante y sería imperdonable, por lo que a nosotros respecta, obstaculizar o dividir. Por eso mismo, es de reconocerse el pronunciamiento del presidente de Morena para transitar a una alianza de izquierdas si hay una rectificación sobre la línea política de acercamientos con el gobierno y con el Partido Acción Nacional que ha sostenido una parte de nuestra agrupación. Si de aquel lado han rectificado la intransigencia y obcecación previas, nosotros debemos impulsar que en nuestro partido se haga lo mismo. 

La sociedad entera, y en particular los ciudadanos que votan por nosotros, nos demandan poner los intereses generales por encima de los intereses de las expresiones y corrientes. No me queda duda de que en buena medida esa vocación social es lo quedefine a nuestro partido y a su historia.

El Partido de la Revolución Democrática nació para combatir el statu quo, no para defenderlo. Nacimos para ganar, pero no para ganar elecciones a costa de los principios sino para empujar un proyecto que ponga en primer lugar la vida de la gente, transforme el sentido común del poder e instaureuna democracia con todas sus letras; un proyecto capaz de garantizar los derechos de todas y particularmente de los débiles ¿Podemos entonces aceptar el cambio tramposo que otros proponen, que reemplaza a unos por otros sólo para que todo siga igual? No.

Están equivocados quienes piensen que nos volveremos contra la gente seducidos por cargos y prebendas. Tenemos más de 25 años en lucha contra el neoliberalismo, caminando junto con compañeros que decidieron cambiar de trincheras para defender la misma bandera, entre quienes sin duda se encuentran destacados expresidentes del PRD como el ingeniero Cárdenas o López Obrador. Pese a la distancia, los caminos distintos e incluso los agravios previos, solo tenemos un horizonte frente a nosotros: la unidad, la necesaria unidad, para triunfar sin dejar de ser congruentes con nuestro proyecto histórico.

Tenemos el deber histórico de generar las alianzas necesarias para transformar el país. No aspiramos, sin embargo, a una inconsistente sopa de letras que simplemente abulte resultados, sino al impulso de un proyecto nuevo, un modelo alternativo surgido de las demandas y necesidades populares, pertinente con el momento que vivimos. La capacidad de una alianza de izquierda para consolidar esa posibilidadestá por verse, debe construirse con tesón y paciencia, pero podemos estar seguros de que su resultado, cambiar verdaderamente a México, nunca será posible al lado de la derecha.

Me gustaría preguntarles, sinceramente, si ustedes se ven haciendo campaña por el PAN, que representa lo opuesto a aquello por lo que hemos venido bregando desde 1988 y aun antes. Una hipotética alianza con ellos no significaría ni siquiera una aventura, sino un salto directo al vacío. Ya padecimos una docena trágica de años congobiernos panistas, desde el nacimiento de este siglo. Sus saldos no pueden ignorarse ni aun con la memoria más corta. Los gobierno del PAN han sido sinónimo de crecimiento de la burocracia en los altos niveles, profundización de las privatizaciones,corrupción oligárquica desbocada, violencia, muerte, falta de crecimiento y desarrolloeconómico, además de un no menos violento incremento de la desigualdad.

Fueron, además, dos gobiernos panistas los quepusieron en marcha una persecución con pretensiones de aniquilamiento contra nuestros liderazgos —particularmente contra René Bejarano. 

¿Podríamos entonces caminar junto a quienes nos robaron la presidencia de la República y se convirtieron en los responsables de los más de cien mil muertos producto de una estrategia miope de combate al crimen? Desde luego no. Ni acompañarlos, ni mucho menos encumbrarlos.

Por el otro lado, el camino de la conciliación y la unidad debe partir no solo de la rectificación sino del reconocimiento, pues no todo nuestro partido ha insistido en la repetición de los mismos errores. Desde el PRD, algunos como la Izquierda Democrática Nacional hemos dado duras batallas en el poder legislativo y otros espacios, contra las reformas estructurales y su contenido más lesivo. Hemos hecho lo que nos correspondía: argumentado y resistido, señalado yerros y debatido, en fin: hemos plantado cara al Poder y dicho muchas verdades incómodas frente a sus emisarios. Hemos sido una oposición digna y eso no puede ignorarse.

 

Compañeras y compañeros, no se trata de ir hacia un proyecto distinto al nuestro ni confrontar a nuestros compañeros para favorecer a otros, sino de promover la democracia y la congruencia programática en nuestro partido. No puedenimponerse a la militancia acuerdos que la hagan ir contra sus convicciones.

Los análisis más serios nos muestran que las alianzas con el PAN han terminado por desdibujar a nuestro partido a los ojos de los ciudadanos.Partiendo del falso supuesto de que la crisis política es crisis del priismo, se alimenta al panismo que significa algo similar; no se considera que la crisis es del régimen que se sostiene en ambos aparatos partidistas. Este error de cálculo sólo tiene la consecuencia de llevarnos como ocupantes tardíos a un barco que naufraga lejos de nuestros principios.La gestión de varios de los gobernadores surgidos de esos frentes electorales ha sido totalmente contraria a los valores de nuestro partido y a la historia que debemos honrar. El PRD ha pagado cara su cercanía con el poder y con la derecha: nosotros los votamos pero sólo ellos ganan. No podemos continuar por un camino que nos conduce a ser una fuerza testimonial. 

Es imperativo abrir un periodo de reflexión,recapacitar desde los errores e invitar a todos los perredistas a impulsar un proceso de reconciliación, no sólo con quienes hemos sostenido desde dentro posturas divergentes, sino con la historia del partido y con su propia trayectoria. Debemos invitar a todosa hacer un examen de conciencia y seguir caminando juntos por un sendero de victoria, que no puede ser otro que el camino de la izquierda.

Es hora de regresar a las bases, nuestra mayor fortaleza. Los esforzados militantes a quienes tanto debemos deben ser tomados en cuenta en las decisiones cruciales sobre el rumbo de nuestro partido.

Por ello la elección de nuestra política de alianzas y la de nuestro candidato a la presidencia de la república deben quedar en manos de los militantes y simpatizantes. Una amplia consulta debe definir quién será nuestro candidato a la presidencia.

Compañeras y compañeros. Todo indica que podemos estar frente a un cambio de época que nos exige no retrasar definiciones esenciales. Existen todas las condiciones para transitar pacíficamente a un nuevo régimen político. Un país herido y convulso lo exige con urgencia. Es muy probable que la tercera sea la vencida, y no lo digo por un liderazgo, por importante que pueda ser. La tercera es la vencida para la sociedad mexicana, para el proyecto antineoliberal que millones de mexicanos sostuvimos y empujamos en 1988 y en 2006. Si la política está a la altura de la gente, esta vez ningún fraude nos robará el futuro.