IV Encuentro de Dirigentes y Representantes Internacionales de Izquierda

 

Dolores Padierna Luna (DPL): …aquí era la antigua sede del Senado de la República, aquí hay pasajes de la historia en México invaluables y recientemente, apenas el mes pasado, ésta fue la sede de la construcción de la primera constitución de la Ciudad de México, una constitución paradigmática que va dejando atrás al neoliberalismo y que se erige como la más avanzada, la más progresista y será un precedente para la historia de nuestro país.

Es una constitución nueva, la primera porque nos consideraban antes Distrito Federal, una dependencia del Gobierno federal. Hemos, desde hace muchos años llevado una lucha intensa para lograr la autonomía de la Ciudad de México que sigue siendo la capital de la República, sede de los poderes federales, pero se convierte en una entidad federativa libre, autónoma y con su propia constitución con sus gobiernos de izquierda, plasmados con esta ideología en nuestra Carta Magna local.

Cosa que nos llena de orgullo y estas paredes son testigos de ese hecho importante.

México ha vivido la alternancia entre dos derechas, pero la alternancia de un partido a otro no logró la transición democrática que esperábamos. Al contrario, la transición se detuvo y hoy día México está sumido en una estela de sangre y sufrimiento en todo el país a pesar de que todos reconocen a la guerra contra el narcotráfico como una guerra perdida.

La otra cara de la moneda de esta estrategia inútil es que ha acrecentado la dependencia, la sumisión de México a las políticas de nuestro vecino del norte con la consecuente pérdida de soberanía.

En estos días, México paga el pecado original de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con América del Norte.

Carlos Salinas de Gortari, ideólogo de los últimos gobiernos que hemos tenido, aceptó un modelo de libre tránsito para las mercancías, pero no para las personas.

Y en esa rendición histórica está una de las claves de la debilidad actual de nuestro país en la negociación con un gobierno, el de Estados Unidos, marcado por el racismo y la xenofobia.

Desde el Tratado de Libre Comercio hasta ahora, la clave del fracaso ha sido la sumisión. La manera en que los gobiernos, desde Salinas a la fecha han decidido que México podría lograr su desarrollo si se sometía cada vez más a la agenda y los intereses de Estados Unidos.

México pone la mano de obra barata y Estados Unidos los deportados; México pone los muertos, los desaparecidos, y Estados Unidos los ejércitos de consumidores de drogas y el tráfico de las armas.

La beligerancia del gobierno de Donald Trump contra México ha ido en ascenso de manera peligrosa. En muy pocas palabras, decirles, compañeras y compañeros, que Donald Trump ha borrado de un plumazo, incluso, la legislación de su país al negar a las personas que busca deportar la posibilidad de defensa legal, al borrar regulaciones que permitían a los migrantes defender cada uno de sus casos.

Ahora, se nos ha anunciado, no importará cuánto tiempo lleven en el país, ni si tienen hijos nacidos allá, el universo de los deportables ha sido ampliado y los agentes encargados de destruir futuros, de separar familias, cuentan ahora con el inmenso poder discrecional para poder decidir que deporten a millones de mexicanos, latinoamericanos de Estados Unidos.

John Kelly, el Secretario de Seguridad Interior de Estados Unidos, el mismo que firma las órdenes que separarán a estas familias que abrirán las puertas a deportaciones masivas vino a México a hablar de cooperación y de buena vecindad.

Al mismo tiempo, Donald Trump allá hablaba de que las deportaciones serán una operación militar prioritaria para ese gobierno. En los hechos, Donald Trump es un enemigo de México, como no lo es de ninguno de los países de América Latina.

Trump ha solicitado un presupuesto millonario para convertirse en deportador masivo.

Las políticas neoliberales han propiciado el aumento de nuestra dependencia en áreas tan sensibles como la energética. En 10 años, de 2005 a 2015, producción de electricidad, de petróleo, todo está deprimiéndose a la baja, hay un desplome de nuestra industria energética, antes boyante, en dos años de Reforma Energética, México ha perdido una cantidad inconmensurable de recursos, lo cual tiene también agudizada nuestra crisis económica.

La llegada de Donald Trump complica el tablero bilateral y multilateral, no se puede seguir diciendo, como señaladamente hicieron Felipe Calderón y ahora Enrique Peña Nieto, que la reforma migratoria de Estados Unidos es un asunto doméstico de ese país.

Ese tema, como la relación comercial, la agenda de seguridad, los gobiernos de los últimos sexenios han optado por subordinarse a los intereses de Estados Unidos.

Trump alimenta el miedo con la engañifa de que hay terrorismo y que para abatir al terrorismo y al crimen internacional es necesario construir un muro en la frontera norte de nuestro país.

Las nuevas directrices estadounidenses suponen el inicio de una nueva guerra contra los migrantes, que es lo que nos preocupa. El muro, por ser una acción hostil contra nuestro país y violatoria del derecho internacional y la vida de los migrantes.

La persecución contra ellos, si nos atenemos a los documentos, será absolutamente discrecional, ilegal, no habrá reglas.

En los memorandos que ha emitido Estados Unidos se ordena la ampliación del llamado programa comunidades seguras que durante la administración de Barack Obama se convirtió en el principal instrumento de deportaciones.

La colaboración de México ha permitido que Estados Unidos favorezca su seguridad nacional. Desde aquí se han desarticulado atentados, infiltraciones enemigas de Estados Unidos, pero ha sido México el que ha ayudado a Estados Unidos en esta tarea.

Por eso pensamos que en el rubro de la seguridad, México tiene mucha defensa, porque si a Estados Unidos le interesa que México siga colaborando con él, tendrá que respetar el derecho internacional, respetar nuestra soberanía y respetar nuestros connacionales.

El gobierno de México debe de tener una sola prioridad, defender a los mexicanos aquí en nuestro país y también allá en territorio de Estados Unidos, porque allá viven 35 millones de mexicanas y mexicanos.

Y estamos sinceramente preocupados por su futuro de nuestros connacionales. Para ello es vital contar con la solidaridad internacional de nuestras hermanas, hermanos de todo el mundo, particularmente de la patria grande latinoamericana.

Por eso les hacemos un llamado respetuoso a ustedes, hermanas y hermanos, a hacerse eco de este llamamiento a la solidaridad internacional a rechazar junto con nosotros las agresiones del gobierno de Donald Trump contra nuestros países, los llamados a respaldar nuestra postura de rechazo tajante a la construcción de un muro fronterizo con las armas del consenso de nuestra América. El consenso de nuestra América nos une bajo los principios de igualdad, de equidad, de justicia.

Igualmente que retomemos o refrendemos la declaración defendamos a la unión, la dignidad y la soberanía de nuestra América adoptada por la Décimo Cuarta Cumbre de los Jefes y Jefas de Estado y de Gobierno de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América, Tratado de Comercio con todos los Pueblos del ALBA.

La renovada envestida de las derechas debe encontrar en nuestro lado, de nuestro lado, una sola respuesta, el fortalecimiento de nuestros lazos, los mecanismos de integración que hemos diseñado para cambiar, para mudar, para transitar hacia un mundo multipolar en que los anhelos y los sueños de nuestros pueblos puedan hacerse realidad.

Sean ustedes, compañeras y compañeros, bienvenidos a México.