Reunión Dilma Rousseff

 

Desde México siempre seguimos con atención lo que ocurre en Brasil. Celebramos como nuestra, señora presidenta, su primera victoria electoral en 2010, como habíamos celebrado los triunfos de Lula, un verdadero símbolo de la decisión de un pueblo de hacerse cargo de su destino, de vencer la pobreza y decir “sí podemos”.

Desde aquí también expresamos nuestro rechazo total al proceso de destitución que una mafia disfrazada de parlamento enderezó en su contra.

Recordamos malos y buenos momentos. Por ejemplo, que en la víspera de la segunda vuelta electoral, la inteligencia de Brasil en pleno se reunió en Rio de Janeiro para darle su respaldo. Miles de artistas e intelectuales dijeron sin dudar: Nosotros vamos con Dilma.

Usted debe recordar que ese día, el gran Chico Buarque, cuyas canciones hemos cantado como nuestras, resumió el ánimo de los asistentes cuando dijo refiriéndose a usted: “Esta mujer de fibra, que ya pasó por todo, no tiene miedo de nada. Va a heredar un sentido de justicia social, un hito del gobierno de Lula, un gobierno que no corteja a los poderosos de siempre, que no desprecia a los campesinos sin tierra, a los maestros, a los barrenderos. Un gobierno que habla de igual a igual con todos, que no habla bajito con Washington y no habla fuerte con Bolivia y Paraguay”.

Ya en el gobierno, usted dio múltiples pruebas de dignidad y defensa de la soberanía de su país. Así fue cuando canceló su visita a Estados Unidos tras revelarse que el gobierno de ese país había espiado las comunicaciones de la presidencia de Brasil.

Hoy recordamos con más razón las palabras de Chico Buarque, porque en el norte tenemos a un troglodita en el cargo de presidente de los Estados Unidos, un personaje que raya en el fascismo y que no habla, sino vocifera en contra de México y los mexicanos.

En estos días estamos pagando el pecado original de las negociaciones del

Tratado de Libre Comercio. Carlos Salinas de Gortari, ideólogo de los últimos gobiernos que hemos tenido –amigo de Cardoso, por cierto- aceptó un modelo de libre tránsito para las mercancías pero no para las personas. Y en esa rendición histórica está una de las claves de la debilidad actual de nuestro país en la negociación con un gobierno, el de Estados Unidos, que oscila entre el racismo y el proteccionismo.

El gobierno de mexicano ha puesto lo suyo al ir de tumbo en tumbo y de silencio en silencio frente a la administración de Donald Trump.

Desde el TLC hasta ahora la clave del fracaso es la sumisión, la manera en que los gobiernos de Salinas a la fecha decidieron que México podría lograr su desarrollo si se sometía de manera absoluta a la agenda y los intereses de Estados Unidos.

La derecha en el gobierno se ha subordinado a la agenda de “guerra contra el narcotráfico”, lo mismo que las políticas en materia de energía, que nos han llevado a una peligrosa dependencia de Estados Unidos, de la gasolina o el gas que nos vende aunque sigamos siendo un país productor de petróleo.

México pone la mano de obra barata y Estados Unidos los deportados. México pone los muertos y los desaparecidos y Estados Unidos los ejércitos de consumidores de drogas.

Sin esperar las acciones de este gobierno, la sociedad se organiza a lo largo y ancho de ambos países para resistir las que se prevén continuas embestidas cargadas de racismo y xenofobia, de odio a los migrantes y al vecino del sur.

Para nosotros se trata de un tema vital, en el que hemos contado con el respaldo de nuestros hermanos latinoamericanos y la decidida solidaridad del Partido de los Trabajadores.

Y es un asunto vital porque se trata de la defensa de la defensa de 35 millones de personas de origen mexicano que viven en Estados Unidos, un tercio de los que vivimos aquí, una población que supera en número a la de la mayoría de los países de América Latina.

Por desgracia, los largos años de subordinación han nublado las mentes de las elites mexicanas que han olvidado lo esencial: frente al poderoso no hay que hablar bajito, sino sencillamente exigir respeto a los derechos de todos los mexicanos, aquí y en territorio de Estados Unidos.

Muchas gracias.